Las expectativas[1]
iniciales de las/los participantes en la primera cohorte del DIPLOMADO NACIONAL
EN CULTURA DE PAZ, desarrollado de marzo a septiembre 2013, desde la Cátedra de
la Paz y Derechos Humanos “Mons. Oscar A. Romero” de la Universidad de Los
Andes (Mérida, Venezuela) se centró básicamente en “aprender”, “reconstruir”,
“compartir experiencias” y obtener “herramientas” de la Cultura de Paz.
Una de las
participantes, señaló que “llegamos con
un conocimiento o información de algunos de los contenidos, y salimos con
mejores conocimientos para la vida”.
Ello, con el
propósito de “crecer como persona y ser capaz de transmitir lo aprendido”; “mejorar
las relaciones inter personales en la institución y basar las nuevas en un
ambiente de paz y compañerismo”; y, [reflexionar] “acerca de nuestra Cultura
para poder transformarla en una de Paz”.
Conforme se
desarrollaba la formación contempladas en ocho (08) módulos, nos encontramos inquietudes,
reflexiones y comentarios que iban validando los contenidos y su pertinencia:
- Sobre la sesión
Cultura de Paz y Educadores/Educadoras para la Paz: “La pertinencia del tema y la aplicación más que fortalecerla es
continuarla como hasta ahora”[2] (Participante).
- Sobre la sesión Facilidades
para la Preparación y Administración de Actividades Didácticas en Cultura
de Paz: “Un taller práctico que no solo un docente puede usar en un aula
de clase, sino cualquier activista con ánimos de comunicar una información
de suma importancia, no solo es académico sino práctico a todas las
carreras y áreas de trabajo, comunicando de forma didáctica las
informaciones”[3]
(Participante).
- Sobre la sesión Educación
en Derechos Humanos: “El espacio
para la coincidencia y diferencias permite que crezcamos cada día más son
olvidar que lo diferente de lo común y lo común es diverso”[4]
(Participante).
- Sobre la sesión
Resolución Pacífica de Conflictos y Cultura de Paz: “Que le conflicto es totalmente diferente de la violencia… Descubrí
que percibo el conflicto como negativo aunque sé que representa una
oportunidad, en la práctica me
cuesta asumirlo”[5]
(Participante).
- Sobre la sesión
La Diversidad nos lleva a la Paz: “Reconocí
la discriminación desde la infancia como una manera de exclusión… asumí principios y criterios personales para
no afectar la discriminación. Ver y tolerar al otro”[6]
(Participante).
- Sobre la sesión
Eco Cultura de Paz: “Que el abordaje
de la temática ambiental desde una Cultura de Paz no solo debe considerar
los riesgos y problemas, sino también las soluciones que existen muchas
probabilidades de hacer y actuar con responsabilidad social, e individual
en relación a la temática ambiental”[7] (Participante).
- Sobre la sesión
Mis emociones y la Inteligencia Emocional a favor de la Paz: “Debo aprender y practicar a identificar
las emociones ya que inconscientemente las enmascaramos”[8]
(Participante).
- Sobre la sesión Democracia
y Participación Ciudadana en la Cultura de Paz: “ La temática es
sumamente importante para que estando organizados o no entender y en
consecuencia podamos participar de manera planificada en el diseño,
ejecución evolución de las políticas públicas que nos interesan y en todos
en general para generar cambios y transformaciones de manera más efectiva
y eficaz”[9]
(Participante).
Es importante
resaltar, el impacto a nivel personal entre los y las participantes, que fueron
sistematizados en el trabajo final (historia de vida) donde debían contrastar
su recorrido personal con los hitos vivenciales que permitieron la construcción
del conocimiento previo y la consolidación de una identidad hacia la paz, que
les permite posterior al Diplomado Nacional, reafirmarse cada uno/a como
“Educadores/as para la Paz”. Algunos de esas expresiones, recogidas de los
trabajos finales[10], nos
dan fe de este impacto:
·
“Muchas
gracias por los conocimientos adquiridos y aún más gracias por demostrar que
aunque se tenga el corazón como una piedra se puede ablandar como una almohada.
Sin obligación de hacer algo obtuve mejorar mi comunicación con los demás.
Muchas gracias” (Participante).
·
“Con la
llegada de Cátedra de la Paz a mi vida y a la vida de mi organización he podido
canalizar muchísimas situaciones difíciles la Cultura de PAZ, me ha ensenado
que el camino es tan difícil como tú lo veas porque siempre hay una opción
positiva, porque en mi hay un ser de paz de prosperidad. Y es que como dije
antes nada es casual, Cátedra de la Paz era una de las piezas destinadas a
complementar mi organización pues que mejor guía y modelo a seguir” (Participante).
·
“Desde
mi perspectiva de formación integral, en discapacidad, ya que he trabajado,
convivido y estudiado con personas con cualquier discapacidad, estudiado y
revisado documentos filosóficos, legales, políticos, programáticos, técnicos de
dimensiones mundiales, regionales, nacionales y locales de las diferentes áreas
sociales, he logrado entender, luego de culminado el Diplomado en Cultura de
Paz, que cualquier misión social que tengamos que emprender debe estar
acompañada por la cultura de paz como herramienta indispensable para el logro
del respeto a los derechos humanos, sea de cualquier grupo vulnerable en el que
nos enfoquemos, y que el acompañamiento de los otros que luchan igual que
nosotros, la sinergia, potencia el trabajo de todos”
(Participante).
·
“Otra
experiencia de la que no tengo forma de describir lo maravillosa que ha sido
para mí, es precisamente ésta que estoy culminando, la sistematización de mi
historia, porque cuando uno hace un recuento de su propia vida, ve desde otra
perspectiva todo lo ocurrido y se da cuenta que todo, absolutamente todo fue
necesario para llegar a donde estoy, quizá en otro momento hubiese querido que
varias de las experiencias no hubiesen pasado pero precisamente esas
experiencias fueron las que me dieron la fuerza, el empuje y el combustible
para seguir abriendo caminos” (Participante).
·
“Este
Diplomado fue una experiencia de vida, los viajes, la dinámica de los
encuentros, el interactuar con todos los participantes venidos de tan
diferentes lugares y de tan diferentes quehaceres, de forma de ser y de actuar
particulares, el conocimiento de cada uno de los facilitadores, sus propias
experiencias de vida, la expectativa de cómo iba hacer cada encuentro, porque
siempre había algo nuevo que sorprendía en las clases, aunque quizás una de las
experiencias para mí que más me movió el piso, fue la dinámica “Un paso al
frente”, nunca había podido observar tan claramente la situación social de este
país y particularmente eso me hizo comprometerme más en mi deseo de hacer algo
positivo en favor de esta sociedad” (Participante).
·
“Fue
hasta el Diplomando Nacional en Cultura de Paz con la gente de la Cátedra de la
Paz de la ULA que retomé el tema y profundice un poco más este asunto cuando se
me presenta la democracia no sólo como un sistema de gobierno sino como una
forma de vida. Desde esta perspectiva y al echar un vistazo a mi pasado caigo
en la cuenta de que en mi hogar la vivencia era muy democrática” (Participante).
·
“Estoy
tan motivado en esta corriente de derechos humanos, justicia y paz que hasta mi
trabajo final de postgrado está orientado hacia la sistematización de los
principios jurídicos, pedagógicos y lasallistas del derecho al libre
desenvolvimiento de la personalidad en los jóvenes, como un aporte a la
construcción de la cultura de paz en los centros educativos…. Mi gran desafío
es cómo potenciar cada vez más todo este equipamiento desde mi ámbito familiar”
(Participante).
Como podemos observar, en los aportes
seleccionados de algunos de los y las participantes, la construcción y
re-construcción de los saberes fue un proceso dinámico, flexible,
participativo, creativo, cuestionador y proactivo en cada sesión de trabajo, lo
que nos permite validar la propuesta pedagógica iniciada desde los años 1990,
por la Cátedra de la Paz en un nuevo nivel del conocimiento académico enmarcado
en el DIPLOMADO NACIONAL EN CULTURA DE PAZ.
(*) Walter Trejo Urquiola. Politólogo. Cátedra
de la Paz y Derechos Humanos “Mons. Oscar A. Romero”. Mérida. Octubre, 2013.